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17 de abril de 2016

Obesidad Infantil: Responsabilidad Individual, Familiar o Social

17 de abril de 2016 - INSteractúa

Créditos de imagen: No.Robot via Foter.com / CC BY-NC-ND
La obesidad infantil se puede definir como el exceso de grasa corporal en los niños, siendo además la traducción biológica del desequilibrio, a nivel individual, entre el consumo y gasto de energía. A nivel social, traduce la predominancia de un entorno ambiental que favorece el desarrollo de la obesidad, conocido también como “entorno obesogénico”.
Debemos considerar que la “historia natural” de la obesidad infantil se inicia con la concepción. El individuo se forma con una carga genética que puede hacerlo susceptible o no a la obesidad (programación genética); luego en el embarazo si ocurre una nutrición excesiva o deficiente, tabaquismo o diabetes gestacional, se genera una huella metabólica que predispone al individuo a acumular exceso de grasa (programación fetal).
Cuando el niño nace, existen factores postnatales que pueden determinar la obesidad a futuro; entre ellos se encuentran el elevado aumento de peso en etapas tempranas, conocido como el “salto de centiles”, y el abandono de la lactancia materna (programación postnatal). 
Más adelante, cuando el niño debe aprender a alimentarse, los padres nos preocupamos por enseñarles a “comer”, es decir ponemos énfasis en la acción mecánica de triturar y deglutir, dejando el aspecto medular de formar hábitos alimentarios adecuado (tales como ¿qué comer?, ¿cuánto comer?, ¿cuándo comer?, ¿dónde comer?, ¿con quién comer?) a la publicidad vía televisión, radio, prensa, internet, mercadeo social o los encargados del cuidado del niño.
Créditos de imagen: Kevin Krejci via Foter.com / CC BY
Los niños también aprenden mediante el ejemplo de otros niños o pasivamente del mal ejemplo que podemos brindar los padres. Esta mezcla de modelos y paradigmas configuran los criterios bajo los cuales el niño elegirá que alimentos consumirá, en qué cantidad los alimentos y cómo los consumirá (programación conductual).  
Todo este potencial o programación temprana a la obesidad requiere un ambiente favorable para acumular grasa, pues de lo contrario no podría expresarse o lo haría en menor magnitud. En las últimas décadas, vemos una mayor disponibilidad de alimentos concentrados en azúcares, grasa y sal, así como condiciones que favorecen una menor actividad física: pocos espacios para realizar deporte, insuficientes contenidos en la curricula escolar,  inseguridad ciudadana, aumento de medios de transporte, etc. En suma, estos factores constituyen un ambiente obesogénico que facilita la expresión de todos los riesgos tempranos de obesidad.
Créditos de imagen: Nestlé via Foter.com / CC BY-NC-ND
Bajo esa mirada, la responsabilidad de la obesidad infantil no es sólo individual, sino también a nivel de familia y sociedad; dado que tienen un rol que cumplir para restaurar el equilibrio a nivel individual y social. Esto contribuiría a reducir las cifras actuales de prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas relacionadas. Algunos aspectos a considerar podrían ser:
El individuo: Debemos conocer si tenemos susceptibilidad a la obesidad o a enfermedades crónicas no transmisibles relacionadas a obesidad (diabetes, hipertensión, cáncer, enfermedades cardiovasculares, etc.) y buscar información sobre cómo alimentarnos, realizar actividad física y desarrollar un modo de vida saludable. Dado que los niños interiorizan el concepto de cuidado y salud a partir de los 7 años, debemos motivar la elección de alimentos saludables y una vida activa  a partir de la formación escolar.
Los padres y la familia: Cuidando el embarazo, para que la madre reciba una nutrición adecuada y evite el hábito de fumar, luego vigilando el crecimiento del niño durante la primera infancia y brindando lactancia materna: exclusiva y continuada. También debemos asumir el rol de educadores en un sentido amplio: desarrollando hábitos alimentarios y de actividad física en los niños con la misma preocupación con que les enseñamos a usar el baño o lavarse los dientes. Para este rol, los padres debemos buscar información, recibir apoyo del personal de salud e invertir el tiempo necesario en la infancia para enseñar a nuestros hijos y que en el futuro este esfuerzo se refleje con creces en su salud y bienestar.
La sociedad: Desde el gobierno, incorporando políticas públicas, brindando información clara y oportuna a los padres y niños sobre alimentos naturales y envasados, educando sobre hábitos de alimentación saludable y vida activa, y garantizando una currícula escolar adecuada, espacios seguros e infraestructura para realizar actividad física.
Finalmente, a nivel de industria es importante brindar información sobre los alimentos ofertados, fomentar modos de vida saludable y promover el desarrollo de productos innovadores que contribuyan a mejorar la salud y el bienestar de la población; generando así mayor valor agregado a sus productos a partir del concepto de alimentos saludables.

5 comentarios:

  1. Excelente nota, es una tarea compartida

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  2. Este tipo de nota podría gestionarse con las redes virtuales del sector educación, incluso a través de un piloto medir el uso de ello por los educandos y si alguien se anima medir el antes y el impacto de aqui a algun tiempo, planteo el reto.

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  3. Interesante información que debería ser compartida con el,sector educación con énfasis en los primeros grados. Felicitaciones.

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  4. Buenos días, y de acuerdo con lo expuesto. Sobre todo con el hecho de cómo se perpetúa los hábitos que generan obesidad y lo acostumbrados que estamos a ver como algo normal tener "un poco de exceso" de peso, así como de comer "bien" (cuando en realidad es en abundancia). Gran tarea para los nutricionistas, y nos toca mucho aprender de empresas cómo lograr "cautivar" (más que convencer) a la población, en términos de preferencias alimentarias para una alimentación saludable.

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